Relatos Eroticos Incesto

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Cenando y bailando con mi hijo

Me llamo Ana y tengo 45 años. Trabajo como directora de decoración en una tienda de mi ciudad. Estoy divorciada desde hace 3 años y desde entonces no he vuelto a estar con un hombre, a no ser en mi trabajo o tomando cafés con algún amigo.

Tengo un hijo de 22 años con el cual mi relación ha mejorado considerablemente en los últimos meses. Mi hijo sabe que lo que una de mis pasiones es salir a bailar y desde mi divorcio, es una cosa que no he vuelto a hacer. Así que la noche de mi cumpleaños, como regalo me llevó a cenar y después me acompañó a un local de salsa, donde estuvimos bailando bastante rato.

Nunca había salido con mi hijo, pero me lo estaba pasando muy bien. Bebimos unas copas durante la noche, yo no bebí demasiado, ya que hacía mucho tiempo que no bebía y enseguida me subiría. Sobre las dos de la mañana yo ya estaba agotada por falta de práctica y la verdad es que los efectos del alcohol se empezaban a notar ya, así que le pedí a mi hijo que me acompañase a casa que estaba destrozada ya.

Una vez en casa nos sentamos un poco en la cocina y hablé con él un rato para agradecerle la cena y los bailes y decirle que me lo había pasado muy bien. Él me dijo que no pensaba que tuviese una madre que bailase tan bien y tuviese tanto ritmo, yo me sonrojé y me fui a la cama despidiéndome con un beso de buenas noches y comentándole a modo de gracia, que estaba un poco mareada.

Me fui a mi habitación y comencé a desnudarme para ponerme el camisón, normalmente cierro mi puerta cuando me estoy cambiando, pero esa noche se me olvidó, estaba demasiado cansada quizá. Me di cuenta cuando mientras me desnudaba, pasó mi hijo hacia su cuarto y al ver la puerta abierta se paró para darme las buenas noches otra vez. Supongo que mi hijo no esperaba ver a su madre completamente desnuda, perpleja por lo incómodo de la situación aunque no molesta, como pensaba que estaría. A causa del alcohol y a consecuencia de no saber como reaccionar nos reímos de la situación y él siguió hacia su habitación.

Con el camisón ya puesto, me metí en la cama y recapacité sobre lo ocurrido; no me había molestado que mi hijo me viese desnuda, es más, había vuelto a tener la misma sensación de mirada lujuriosa con la que me miraba mi marido antes del divorcio y me había gustado. Por unos instantes pensé en mi hijo como un hombre que era y en una posible solución a la soledad que sentía noche tras noche al irme a la cama sola. Mi hijo estaba a tan solo dos habitaciones de la mía y estaba segura de que él sabría como quitarme esta sensación y hacerme las noches algo más agradables.

Pensé que era una locura planteármelo, así que dejé de pensar en mi hijo como un hombre y calmé la calentura del momento masturbándome como hacía normalmente. Mientras me acariciaba, pensaba en como me lo haría mi hijo, en como pasaría suavemente sus dedos por mi coño empapado y en como sería comerle despacito la polla hasta hacer que se corriese en mi boca llenándome de leche. Al pensar de esta forma, enseguida me corrí y en vez de dormirme de inmediato, rendida ante una buena corrida, la curiosidad me venció, así que con el coño empapado me levanté de la cama y caminé hasta pasar dos habitaciones.

Mi hijo estaba dormido ya, así que me acerqué despacito a su cama. Como era verano dormía destapado, así que pude ver como los bóxer le marcaban toda la polla, era tan grande como me la había imaginado, igual que la de su padre; ahora debía comprobar si sería tan juguetona como parecía. Comencé acariciando despacito a la aliada en mis juegos, así fui comprobando como crecía despacio. Cuando ya estaba grande y dura mi hijo despertó asustado y más aun cuando me vio, le tranquilicé diciéndole que no pasaba nada, que se dejase hacer y él, como buen hijo que era, me hizo caso. Bajé sus bóxer y le dejé la polla desnuda, me acerqué a ella y comencé a chuparla como había imaginado hacía unos minutos. Se la comí despacito, mojándosela bien y jugando todo lo que podía con mi lengua. Mi hijo comenzó a entrar en el juego, parecía que a él también le había excitado verme desnuda antes.

Me subió el camisón y dejó al aire mis pechos que comenzó a chupar y mordisquear. Mis pezones fueron poniéndose más duros, como su polla, que estaba lista para follarme. Me coloque sobre mi hijo, que me penetró como hacía tiempo que no lo hacían. Estábamos los dos muy excitados, así que empezó follándome rápido ya. No me creía lo que estaba ocurriendo, mi hijo me estaba follando como hacía años lo había hecho su padre. Eso me ponía mucho más caliente todavía, así que aparté mi coño un poco y me puse a cuatro patas, como la perra que quería ser esa noche y dejé que mi hijo metiese su enorme polla en mi culo. No le costó mucho trabajo, ya que yo estaba acostumbrada ya.

Siguió follándome, como lo había estado haciendo metiéndome la polla hasta el fondo, haciendo que con cada golpe me estremeciese mientras me metía los dedos en el coño y acariciaba mi clítoris. Me folló un poco más así, hasta que rendido, se corrió y me llenó el culo de leche. Nunca pensé que aquello lo fuese a disfrutar tanto. Estaba empapada y por mis muslos empezaba a chorrear semen de mi propio hijo, aquello era un placer.

Esa noche caímos rendidos en la cama y no sucedió nada más, pero os puedo asegurar que no me volví a encontrar sola una sola noche más, desde aquella mi hijo y yo nos hacemos felices el uno al otro dándonos placer.

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